Muy acertado. Me vienen a la cabeza dos citas de no recuerdo quién: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema “ y “Es más fácil engañar a alguien que convencerle de que ha sido engañado “. Nuestras convicciones nos dan seguridad porque nos proporcionan un marco de referencia (cómo pensamos ) , una identidad (quiénes somos ) y una tribu. Renunciar a esas convicciones nos hace salir de nuestra zona de confort así que debe de mediar una razón poderosa para hacerlo.
Observo que desde la época del COVID cada vez la gente se relaciona menos. Eso tampoco ayuda. Quizás si habláramos más entre nosotros podríamos exponernos a otros puntos de vista de manera más frecuente y dejaríamos de retroalimentar nuestras creencias por culpa del “runrún “ mental al que nos aboca la soledad
Me parece clave lo que apuntas, las convicciones no solo organizan lo que pensamos, sino quiénes somos y con quién estamos. Por eso el coste del cambio rara vez es solo intelectual.
Sobre lo último que dices, solo un apunte. Más contacto puede ayudar pero solo si no se vive como una amenaza. A veces la cuestión no es falta de exposición a otros puntos de vista, sino ere esa exposición llega cuando la identidad te está demasiado en juego.
Ahí es donde cambiar deja de ser una cuestión de datos y pasa a serlo de pérdida.
Muy acertado. Me vienen a la cabeza dos citas de no recuerdo quién: “Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema “ y “Es más fácil engañar a alguien que convencerle de que ha sido engañado “. Nuestras convicciones nos dan seguridad porque nos proporcionan un marco de referencia (cómo pensamos ) , una identidad (quiénes somos ) y una tribu. Renunciar a esas convicciones nos hace salir de nuestra zona de confort así que debe de mediar una razón poderosa para hacerlo.
Observo que desde la época del COVID cada vez la gente se relaciona menos. Eso tampoco ayuda. Quizás si habláramos más entre nosotros podríamos exponernos a otros puntos de vista de manera más frecuente y dejaríamos de retroalimentar nuestras creencias por culpa del “runrún “ mental al que nos aboca la soledad
Gracias, Ángel
Me parece clave lo que apuntas, las convicciones no solo organizan lo que pensamos, sino quiénes somos y con quién estamos. Por eso el coste del cambio rara vez es solo intelectual.
Sobre lo último que dices, solo un apunte. Más contacto puede ayudar pero solo si no se vive como una amenaza. A veces la cuestión no es falta de exposición a otros puntos de vista, sino ere esa exposición llega cuando la identidad te está demasiado en juego.
Ahí es donde cambiar deja de ser una cuestión de datos y pasa a serlo de pérdida.